Horizontel Institucional / Misión
Misión

Somos una universidad abierta que forma seres humanos idóneos e integrales, a través de la articulación de la docencia, la investigación, la extensión, la internacionalización y la gestión, para la generación y aplicación de conocimiento de acuerdo a las necesidades locales, regionales e internacionales.

Horizontel Institucional / Visión
Visión

Consolidarnos como una de las mejores universidades del país con excelencia académica, producción científica, compromiso social y proyección internacional. 

Horizontel Institucional / Somos la Autónoma que el Caribe necesita
Somos la Autónoma que el Caribe necesita

Asumo con todo compromiso y orgullo el cargo de Rector de la Universidad Autónoma del Caribe porque amo sus símbolos y su historia, de hecho pasé gran parte de mi niñez recorriendo con mi padre sus instalaciones y conociendo desde entonces los sueños y acciones de los fundadores.

Entre las muchas actividades de empalme en estos primeros días como Rector, un aspecto fundamental ha sido el fortalecimiento de un ambiente de diálogo y confianza con todos los estamentos de la Comunidad Universitaria, por los que siento sincera consideración y respeto. Y, en el entre tanto, he pensado en el enfoque estratégico para esta nueva etapa de la Universidad Autónoma del Caribe y hacia donde debemos orientarnos, una primera visión que hoy comparto para la construcción colectiva.

Decir que la academia -y más concretamente la Universidad- es el factor determinante de la movilidad social es una verdad tan evidente que cuesta trabajo evitar que suene a lugar común. Es por esto que, en el entendido de que en Latinoamérica la desigualdad ha sido un factor inhibidor del crecimiento que, además, erosiona la cohesión social, el proponer políticas e instrumentos que promuevan a los sectores medios de la sociedad se convierte en un imperativo no solamente moral sino práctico. Así lo hemos hecho, y se comprueba observando los datos históricos de procedencia en nuestros alumnos y egresados donde también es notorio que hemos dado respuesta a las demandas de todos los sectores socioeconómicos. Nuestra Universidad ha sido campo fértil para la integración social.

Echemos un vistazo a la historia y al contexto. Por allá a mediados de los 60s, cuando surgió a lo largo del país la ola de universidades autónomas, sectores educados de una incipiente clase media en Colombia hicieron una apuesta por hacer academia al margen de enfoques confesionales o auspicios del Estado o para élites. Fue la época de la fundación de la Universidad Autónoma del Caribe, que fue vista con recelo por un sector de las elites tradicionales regionales porque vieron en ella un reto al status-quo social y económico. Pero pudo más la tozudez de los logros concretos de los pioneros, soportados en la legítima demanda por educación superior de calidad que rebasaba con creces la limitada oferta universitaria de entonces. Esta circunstancia, aunada a una gestión rigurosa en lo académico y austera en lo económico, enmarcó lo que a la postre sería el crecimiento exponencial de la Autónoma como Universidad generadora de impactos económicos y sociales a través de sus egresados y demás servicios a lo largo y ancho del Caribe colombiano.

Por otra parte, y para enfocarnos hacia la misión, el Caribe de hoy es diferente al de hace cuatro décadas y media, cuando comenzó la Autónoma. No porque sea significativamente menos pobre o desigual, porque no lo es, sino por la variación de su perfil productivo. Pasó de verse a sí mismo como región esencialmente agropecuaria para convertirse hoy, por obra de las incontrolables fuerzas del mercado, en alacena de combustibles en algunas partes, y vanguardia en servicios en otras. La industria, que decreció en gran parte del siglo XX, tiene ahora oportunidades de localización con la política de comercio exterior que se aplica a partir de tratados de libre comercio, y en este escenario se percibe un vigoroso esfuerzo inversor que requiere una oferta de educación superior que le acompañe. Falta conocer con detalle hacia donde están orientándose las inversiones directas nacionales o internacionales pero es buen augurio que la región sea gran receptora. La internacionalización es un hecho.

¿Pero qué representan y qué tan propicias son estas realidades para una institución como la nuestra?

La Autónoma, como decía, tiene una tradición de integración de todas las clases sociales. No obstante, es innegable que en el imaginario es considerada el bastión de la clase media, un calificativo que por su hondo contenido social vale la pena analizar con seriedad para validarlo y potenciarlo en consideración al transcendental rol histórico que implica ser un legítimo vehículo de promoción del individuo del Caribe en sus esferas económicas, sociales y culturales. En el mismo sentido, numerosos estudios en el mundo demuestran con evidencia empírica cómo las sociedades más avanzadas, con más rápido crecimiento y mejores indicadores de convivencia ciudadana, son aquellas donde el número de ciudadanos pertenecientes a la franja de ingresos considerados de clase media es mayor. La Universidad Autónoma del Caribe lleva 46 años validando esta conclusión.

Si bien conceptualmente el rol señalado de la Autónoma está incólume y aún más vigente que nunca por los desplazamientos en la estructura social que se han producido y están produciendo en América, el reto ya en pleno Siglo XXI es que nuestras respuestas en docencia, investigación, extensión y relacionamiento con el entorno sean no solo pertinentes sino suficientemente visionarias para anticiparse al rumbo que habrán de tomar las asimétricas economías y la sociedad del Caribe colombiano. Desde su fundación y de manera progresiva, la Autónoma innovó en la región hablando de urbanismo y planeación desde su programa de Arquitectura; democratizó con hechos el acceso al mundo empresarial y financiero a través de sus programas de Administración de Empresas y Contaduría Pública; profesionalizó el oficio de informar y opinar a través de su facultad de Comunicación Social y Periodismo; soportó y lideró el boom de la industria turística en la región con su programa de Hotelería y Turismo; así como ha garantizado espacios de desarrollo profesional solvente y de calidad en el entorno productivo a través de sus aprestigiados y acreditados programas de Ingeniería.

Hemos sabido leer los tiempos y requerimientos de la economía local y regional. Pero, si bien los impactos de la institución validan esta afirmación, su rol y la relevancia futuras estarán determinadas por su capacidad de generar discusiones, respuestas y acciones para una región Caribe plagada de islas productivas, carentes de articulación y modelos de integración políticos y económicos que permitan a unos departamentos vecinos ponerse de acuerdo sobre unos mínimos temas para, desde la diversidad, entender y anticipar unas fuerzas económicas globales que no dan espera.

La Universidad Autónoma del Caribe asume, entonces, el reto de convertirse en factor integrador para delinear y hacer efectivo un discurso y unas acciones para la competitividad económica regional, que si bien acompañará, como siempre ha sido, el abordaje de los problemas de la autonomía política, la erradicación de la pobreza y la adaptación ambiental, se focalizará especialmente en los imperativos de mercado presentes y futuros en el contexto de una vecindad departamental cercana en lo geográfico, pero distante en arreglos institucionales para la producción.

La Universidad Autónoma del Caribe se ve obligada a cumplir su rol misional articulando desde la academia factores y actores para que la región pase de una coexistencia empresarial espontánea a un escenario de complementariedad y sostenibilidad.

En este contexto, y ante los retos que plantea un país cada vez más urbano, la Universidad abocará el tema del Desarrollo Económico Local como una prioridad de sus programas y quehaceres, de manera que los distintos temas que involucran este concepto, tales como equidad, gobernabilidad, finanzas territoriales, urbanismo, sostenibilidad, prevención de desastres, género, empleo, sean tratados con la profundidad que se requiere para hacer que el hábitat en las ciudades de la región Caribe y de Colombia sea no solamente propicio para atraer inversión de calidad y generar emprendimientos sino más incluyentes en lo físico y lo institucional para garantizar la ciudad como un espacio propicio para la dignificación del ser humano.

Cuando el Estado Colombiano se la ha jugado en más de dos decenios por la opción de la internacionalización de la economía, la Universidad Autónoma del Caribe aboca entusiasta su papel, ya asumido, para garantizar el acceso y maximizar el impacto de los sectores medios de la población del Caribe en dicho proceso de internacionalización.

La producción científica y académica de la Universidad Autónoma del Caribe deberá ser de calidad y relevancia suficientes para rebasar las fronteras de la región y el país. Latinoamérica es quizás una de las subregiones que menos ha sufrido los coletazos de la reciente crisis financiera mundial. Esta circunstancia, a pesar de la contracción de sus economías, ha hecho que los productores del mundo desarrollado vean los países de la región como una alternativa necesaria para crecer sus mercados. Ante estos hechos, la Autónoma alineará su producción e impactos a las demandas de internacionalización, de forma que construyendo sinergias y complementariedades con stakeholders dentro y fuera de Colombia, nuestros estudiantes e investigadores no sean espectadores sino protagonistas en los ciclos de inversión e integración venideros en el mundo.

En este contexto estratégico, y apoyada en procesos internos de gobierno y gestión, cuyos pilares serán la gerencia por resultados, la transparencia y la institucionalidad, la Universidad Autónoma del Caribe asume la responsabilidad de honrar su pasado, y trascendiéndolo como corresponde a su tradicional dinamismo, responderá de manera competente, fresca y remozada, a los nuevos retos del entorno nacional e internacional para los próximos 46 años.

RAMSÉS VARGAS LAMADRID
RECTOR